Cadernos de Poñente

Sección: Portada

Costa da Morte · Un reportaje de otoño

Los últimos
fareros

La vida en el borde de la luz, de Fisterra a Cabo Vilán

Lámina I. Cabo Fisterra, 20:31. La luz acaba de encenderse y ya gira.

Entrada

En la esquina noroeste de la península, donde el propio nombre del lugar da la tierra por terminada, hubo durante casi siglo y medio un oficio que consistía en no dormir para que otros llegasen a puerto. Este es un relato imaginado sobre los fareros de la Costa da Morte: sus tardes, sus nieblas, sus naufragios y la luz que hoy sigue girando cuando ya no queda nadie arriba para verla.

Costa da Morte, GaliciaOtoño de 2026Cuatro capítulos y una noche

Capítulo I: Encender

a tarde

Hay una hora en Fisterra en la que todo el mundo mira hacia el mismo sitio. Los peregrinos llegan con las botas deshechas, se sientan en las rocas del cabo y esperan a que el sol se hunda en el Atlántico con el silencio de quien asiste a una misa. Nadie mira hacia atrás. Nadie mira la torre.

Pero la torre empieza a trabajar justo cuando el sol termina. El farero —el de este relato no existió, y sin embargo existieron cientos como él— sube la escalera contando los peldaños sin contarlos, con la mano en una barandilla que siempre está fría, y al llegar arriba limpia los cristales con un paño que huele a alcohol y a salitre. Dentro de la linterna hace otro clima: quieto, tibio, un clima de relojería.

Encender no fue siempre pulsar un interruptor. Durante décadas fue preparar la mecha, medir el aceite, dar cuerda a la maquinaria que hace girar la óptica y quedarse mirando cómo el primer destello sale disparado hacia el oeste, como una piedra plana que rebota sobre el agua. A partir de ese momento el farero ya no vigila el mar: vigila la luz.

Si la luz está bien, el mar sabrá arreglárselas.

Principio del oficio, según este relato

Junto a la carretera que sube al faro hay un mojón de granito que marca el kilómetro cero del Camino. Los peregrinos se fotografían con él al llegar. El farero lo saluda al irse, cada mañana, como quien da los buenos días a un vecino que nunca se mueve de su sitio.

Capítulo II: A Vaca

a brétema

Luego está la niebla, que aquí tiene nombre propio y que la gente mayor pronuncia con respeto: brétema. Llega del mar sin avisar, se come primero el horizonte, después los barcos, después el propio cabo, y en veinte minutos la luz más potente de la costa no alcanza a verse los pies.

Para esas noches, junto al faro se levantó otra casa, más baja, con una bocina que mira al Atlántico. En Fisterra la llaman la Vaca, y a quien la haya oído no hace falta explicarle por qué. Su voz es grave, larga, un poco triste, y viaja millas por encima de un mar que nadie ve. Hay quien dice que la Vaca no avisa: acompaña.

Dos bramidos sintetizados en tu navegador, a imitación de la sirena. No se descarga ningún audio. Vuelve a pulsar para silenciarla.

En la niebla lo peor no es no ver, sino creer que estás solo.

Lo que se dice de la Vaca

Esas noches el farero no duerme. Anota. La hora en que entra la brétema y la hora en que se va, los barcos que cree oír, el viento que rola. Un diario de guardia es el libro más aburrido del mundo hasta el día en que deja de serlo.

Entreacto

Una noche en la linterna

Sigue bajando: cada tramo de página es una hora de guardia.

Diario de guardia Reconstrucción ficticia

  1. Encendida la luz. Mar de fondo del noroeste, cielo limpio.
  2. Mercante rumbo norte por el corredor. Luces en orden.
  3. Entra la brétema por el oeste. Pongo en marcha la Vaca.
  4. Levanta la niebla. Paro la sirena. Luna sobre el agua.
  5. Al norte, el destello de Touriñán. No estamos solos.
  6. Clarea sobre el Facho. Apago, firmo el diario y bajo.

Capítulo III: El nombre de la costa

os naufraxios

A esta orilla, entre Malpica y Fisterra, la llaman Costa da Morte, y el nombre no se lo puso ningún poeta. Se lo pusieron los naufragios: bajos que apenas asoman, corrientes que empujan hacia la piedra, temporales del noroeste que llegan sin haber tocado tierra en miles de kilómetros.

En noviembre de 1890, un buque de la Armada británica, el Serpent, embarrancó de noche en Punta do Boi, en Camariñas, en pleno temporal. Iban a bordo más de ciento setenta hombres y sobrevivieron tres. A los que el mar fue devolviendo los enterraron junto a la costa, en un recinto de piedra que todavía hoy se llama Cemiterio dos Ingleses.

Cinco años después, a pocos kilómetros de allí, se encendió en Cabo Vilán el primer faro eléctrico de España. Es la manera que tiene esta costa de aprender: poner una luz nueva sobre cada herida.

Poner una luz nueva sobre cada herida.

Así aprende la Costa da Morte

El farero de este relato conoce todos esos nombres. No los recita: los lleva en el cuerpo, como quien vive junto a una vía de tren lleva en el cuerpo el horario. Cuando sopla del noroeste piensa en ellos. Y sube un poco antes.

Anatomía de una lente

o corazón de vidro

Todo el oficio cabe en un objeto de vidrio. Una lente de Fresnel —anillos y prismas escalonados alrededor de una llama— recoge la luz que se perdería hacia el cielo o hacia las piedras y la dobla hasta dejarla plana, paralela al horizonte, que es donde están los barcos.

Lámina II · Lente de destellos, corte y alzado

Se monta sola al bajar; si subes, se desmonta.

Corte vertical de una lente de Fresnel La lámpara en el foco; delante, la lente central y los anillos dióptricos; arriba y abajo, los prismas catadióptricos. Los rayos salen paralelos hacia el horizonte. A B C D E
Fig. 1 · Corte vertical
Alzado del panel de una lente de destellos Vista de frente: el ojo de buey central rodeado de anillos concéntricos; arriba y abajo, los anillos de prismas catadióptricos; debajo, el pedestal con la maquinaria de giro. B C D
Fig. 2 · Alzado del panel
A
Foco. La lámpara, en el centro exacto de la óptica.
B
Lente central. El «ojo de buey» que refracta el haz principal.
C
Anillos dióptricos. Prismas que desvían la luz al atravesarlos.
D
Prismas catadióptricos. Reflejan por dentro la luz que escaparía hacia arriba y hacia abajo.
E
Haz nivelado. Toda la luz, paralela, hacia el horizonte.

Dibujo esquemático: las proporciones no corresponden a ninguna óptica concreta.

Capítulo IV: Los últimos

a luz soa

En 1992, una ley declaró a extinguir el cuerpo de los fareros. No se despidió a nadie: sencillamente, no se volvió a llamar a nadie más. A partir de ahí los faros se fueron automatizando uno a uno, con sensores que encienden la luz cuando cae la tarde y avisan a un ordenador lejano si algo falla.

Quedan pocos, y ya no viven en las torres: las visitan. Revisan, cambian una lámpara, apuntan una incidencia y se van antes de que anochezca. Al pie de muchos faros ya no hay ropa tendida ni una ventana encendida en la cocina.

Y sin embargo, cada tarde, cuando los peregrinos se sientan en las rocas de Fisterra a mirar el sol, la luz se enciende sola a su espalda y empieza a girar. Alguien debería mirarla. Quizá para eso sirve esta historia: para que, mientras gira, la luz todavía tenga a quién alumbrar.

Esta noche, también, el mar sabrá arreglárselas.

Notas

  1. El faro de Fisterra se construyó en 1853, obra del ingeniero Félix Uhagón. La torre es de cantería y base octogonal; la luz queda a 138 m sobre el mar y hoy emite un destello cada cinco segundos. Fuente: Concello de Fisterra.↩
  2. El nombre viene del latín finis terrae, «el fin de la tierra». En el camino que lleva al faro, un mojón marca el kilómetro 0,000 del Camino de Santiago. Fuente: Gronze, fotos del Camino.↩
  3. La sirena de niebla, conocida como «a Vaca de Fisterra», entró en funcionamiento en 1889 en un edificio anexo al faro. Emite dos sonidos cada minuto, con un alcance de 25 millas en tiempo medio. Fuente: Concello de Fisterra.↩
  4. El HMS Serpent embarrancó en Punta do Boi (Camariñas) el 10 de noviembre de 1890. Solo sobrevivieron tres tripulantes; a las víctimas se las enterró en el Cemiterio dos Ingleses, junto al lugar del naufragio. Fuente: El Español (Quincemil), 2025.↩
  5. El faro de Cabo Vilán, en Camariñas, se encendió la noche del 15 de enero de 1896 y fue el primer faro eléctrico de España. Fuente: Xunta de Galicia, GaliciaAberta.↩
  6. Cabo Touriñán (Muxía) es el punto más occidental de la España peninsular. Durante unas semanas a partir del equinoccio de primavera, y otras tantas al final del verano, es el último lugar de la Europa continental en ver ponerse el sol. Fuentes: El Español; Concello de Muxía.↩
  7. Augustin Fresnel ideó la lente escalonada a principios de la década de 1820. La primera se instaló en julio de 1823 en el faro de Cordouan, en el estuario del Gironda (Francia). Fuente: Phare de Cordouan, Ministerio de Cultura de Francia.↩
  8. La Ley 27/1992, de 24 de noviembre, de Puertos del Estado y de la Marina Mercante, declaró a extinguir el Cuerpo de Técnicos Mecánicos de Señales Marítimas, heredero del Cuerpo de Torreros de Faros creado en 1851. Fuentes: BOE; Todos los Faros.↩